Posteado por: santivajal | junio 11, 2009

La adolescencia en Bonsai

Bonsai

Bonsái y la no comprensible etapa de la adolescencia.

No es fácil resumir de forma simple los rasgos de madurez de Bonsái, el niño adolescente de Christine Nöstilinger, precisamente por la etapa de madurez cronología y psicológica  en la que tal vez se encuentre, pues  son tantas las facetas y fases que el presenta como adolescente, que el mismo parece a veces confundirse con sus afirmaciones y actos, sus profesores y hasta su madre suelen mirarlo respetuosamente, como si tuviera algo enigmático. Y no obstante sabemos que desea ardientemente comprenderse a si mismo y ser comprendido por los demás. Lo dice con sus propias palabras y lo da a entender con sus modales y su conducta; entendible esto si tomamos en cuenta a Stone y Church (1959) en cuanto afirman que “el tema central de la adolescencia es el hallazgo de sí mismo” según la cual es adolescente quien ya dejó la infancia en razón de un proceso biológico, pero aún no es adulto dadas las exigencias de nuestra civilización, es responsable de postergar el ingreso en la vida adulta a pesar de la fuerza y destreza motrices, la capacidad genésica y la posibilidad de organizar un pensamiento hipotético-deductivo.

Se ha descrito a los niños de catorce, en su forma más típica, “como un adolescente que comienza a ser dueño de si: feliz y seguro de si mismo, exuberante y enérgico y de una firme fibra emocional, dispuesto siempre a satisfacer las exigencias del mundo exterior.” (Gesell, Arnold 1956) Y bien lo lógico seria suponer que estas excelentes condiciones y promisorias cualidades se intensificarán y se hicieran más amplias en Bonsái en sus quince. Pero las cosas no suceden así y mas cuando a lo largo de la historia demuestra sus secas energías y una pequeña pero importante apatía que puede ser visto desde un punto como erróneo, si no se considera que él se encuentra en esta situación por que prefiere estar estrechamente relacionado con una reflexiva preocupación por sus estados anímicos íntimos que lo ponen en diversos manifiestos y matices de sensibilidad e irritabilidad propios de su edad que se combinan con su crisis de personalidad generada por el crecimiento del yo , claro que esta crisis no es la única que enfrenta el joven por el contrario, ésta se acompaña, según lo que sugiere Fabbri (1979), de otras tres:

  • crisis de intimidad (“¿quién es el otro? ¿Cómo me relaciono con él?”);
  • crisis de participación (“cómo me integro en las sociedades de los hombres?, cuál es mi función en ellas?) ; y
  • crisis de trascendencia (“¿Cómo perduro? ¿qué hay des pues de mi muerte”?).

Las principales consecuencias de esta situación la, constituyen, al mismo tiempo, las características más importantes en las que se encuentra Bonsái:

  * Exageración de rasgos individuales identificatorios: su sexualidad, el crecimiento del yo (búsqueda y materialización de quien es el en realidad), inseguridad, tristeza y reflexividad. 

* Cuestionamientos generalizados especialmente referidos a los valores.

*Necesidad de un grupo de pertenencia entre sus pares, su la relación conflictiva del adolescente con los miembros de otros grupos los cuales son causa que motivan esa turbulencia interaccional que genera un conflicto interno y de inestabilidad emocional Bonsái

Etimológicamente el vocablo adolescente o adolescencia se vincula tanto con raíces griegas como latinas:

en griego “alo” = Yo hago crecer, y “aldanein” = desarrollar;

en latín alere = alimentar,

adolescere = crecer, tomar cuerpo, desarrollarse,

dolere = dolerse, sentir, y

dolescere = frecuentativo de dolere.

Crecer, desarrollarse, tomar cuerpo, sentir dolor con relativa frecuencia, son conceptos con los que Bonsái se encontró a cada momento, ya sea de manera explícita o implícita, al analizar, reflexionar e interiorizar en muchos casos sus propias conductas y vivencias de adolescente, lo cual hace pensar y nos inclina a sospechar que el conocimiento del fenómeno adolescente y de su correspondiente conflictiva trasciende en mucho a las inquietudes de nuestra época por lo que es necesario según Herbart recurrir a la recapitulación de las diversas etapas filogenéticas y culturales para lograr entender que esta etapa es una de las más susceptibles para la educación al fin de lograr una comprensión más adecuada del crecimiento del yo.

Es claro hasta este punto que en Bonsái la adolescencia como tal es un período conflictivo, lleno de cambios y transformaciones. Esto altera esa transitoria paz y estabilidad conseguida en la niñez y comienza a desestabilizar al joven, generando conflictos y problemas que afectan directamente en el seno familiar.

La sociedad juega también un papel importante y el adolescente comienza su búsqueda de integración en ella, adaptándose a nuevos grupos sociales, iniciando una búsqueda de costumbres, ideologías, de distintas concepciones del mundo, que no son las mismas que buscaron sus padres. Es entonces esto uno de los motivos de conflicto en la relación Bonsái- Padres, pues es allí donde expresaba su tendencia conservadora lo que atraía como consecuencia la inconformidad entre los valores inculcados por sus padres y los que le trasmitió la sociedad al produciéndole confrontaciones con sus padres.

Por otra parte la sociedad y la inclusión del adolescente en ésta, a través de grupos extra familiares, en la cual se introducen en un mundo, lleno de tentaciones y peligros hacen que sus padres se sientan inseguros a la hora de darle libertad a su hijo, aforrándolo a la condición de niño que todavía continúan atribuyéndole, su no confían y continúan con una actitud de sobreprotección que dificulto tal vez en cierto sentido su accionar y su capacidad de cuidarse solo, lo que en cierta medida impulso a Bonsái a  buscar una definición de sí mismo como adulto independiente lo que implico la rotura de muchos de sus lazos familiares basados en autoridad, afecto, responsabilidad, respeto, intimidad, posesividad y hábito y por sus sentimientos de frustración, rabia, humillación, malhumor, resentimiento o desesperación.

Queda claro entonces que, con el inicio de la adolescencia, las formas personales de conocimiento dan una serie de giros importantes. Alejándose un tanto de la orientación social de los años anteriores de los individuos pero que lo ayudan a  armonizan psicológicamente mucho más. Demuestran mayor sensibilidad a motivaciones subyacentes de otros individuos, a sus deseos y temores escondidos. Las relaciones con otros ya no se basan primordialmente en las recompensas físicas que otros pueden proporcionar, sino en el apoyo psicológico y en el entendimiento que puede dar un individuo sensible. Por la misma razón, el adolescente igual que Bonsái busca en algún momento amigos que lo valoren por conocimientos propios más que por su fuerza o posesiones materiales.

El entendimiento del mundo social también se vuelve mucho más diferenciado. El sabe que toda sociedad debe tener leyes para poder funcionar en forma apropiada, pero que las mismas no deben ser obedecidas ciegamente, y que se deben tomar en cuenta circunstancias atenuantes. En forma parecida, la justicia y la religión es importante pero no se puede impartir sin tomar en cuenta los factores individuales del otro. 

Los individuos siguen teniendo el deseo de ser apreciados y amados por los demás, pero existe el reconocimiento creciente de que no es posible la participación total, y que determinadas cuestiones deben y quizá debieran mantenerse privadas. 

Entonces vemos, durante los años turbulentos de la adolescencia una maduración del conocimiento de la propia persona al igual que el conocimiento de otras personas. Pero al mismo tiempo, dentro de muchas culturas, está ocurriendo un acontecimiento todavía más importante. La adolescencia es el periodo de la vida en el que los individuos deben reunir estas dos formas de conocimiento personal para llegar a un sentido mayor y más organizado, un sentido de identidad o sentido del yo, (precisamente la búsqueda en la que se encontraba Bonsái). Pero esto solo se alcanza como lo formuló Erik Erikson, con la comprensión de una identidad en la que el individuo llega a delinear los papeles con los cuales se siente cómodo en términos de sus propios sentimientos y aspiraciones, y una formulación que tiene sentido en términos de las necesidades globales de la comunidad y sus expectaciones específicas en relación con el individuo de que se trata. (Garder, Howar 1975) 

Esta formación de un sentido del yo es un proyecto y un proceso de la mayor importancia. La manera como se ejecute determinará si el individuo puede funcionar de manera efectiva dentro del contexto social en que ha escogido o debe escoger vivir. Y se ha llegado a un acuerdo con sus propios sentimientos personales, motivaciones y deseos, incluyendo los poderosos impulsos sexuales que constituyeron en un paso a su otro yo, es decir, la pubertad.


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